martes, 16 de marzo de 2010
La causa de la excepción
A raíz de los fenómenos naturales que han acontecido el último 27/2 a nuestro país, es que cobra importancia volver a poner sobre debate el ajetreado concepto de Estado. Más bien, debiésemos hablar de pacto social para poder adentrarnos en las causas de los estados de excepción y sus efectos.
Debemos dejar en claro, primeramente, que al hablar de un pacto social se está haciendo alusión a un acontecimiento en la historia de la humanidad que no tiene un lugar temporal definido y que por tanto ha sido ubicado por la Filosofía Política de manera atemporal, donde la premisa básica es creer (pues bien se trata de un acto metafísico y no positivo) en la existencia de un estado presocial o de naturaleza y en un estado social. El primero, se caracteriza por la existencia física del hombre, como carne, materia y vida, pero no como sujeto portador de derechos. De esta manera, en este estadio de desarrollo cultural, no existen expectativas de orden normativo en los comportamientos de los demás individuos. El tránsito entre una colectividad en estado de naturaleza y otra en estado social está dado por la celebración de un pacto social, en el cual los individuos entregan parte de su libertad a un ente intangible, abstracto e independiente que se hará cargo de estas libertades para otorgarles protección.
Ahora bien, podría señalarse a partir de una visión sociológica o antropológica, que dicho pacto social pudiese tener lugar en el cambio del paradigma entre las culturas nómades y las sedentarias, momento histórico marcado por el desarrollo de tecnologías relativas a la producción económica. Es en este punto, en el que el hombre se desliga de la representación natural de las cosas para pasar a conformar un mundo interno propio que se observa ya en conceptos más bien formales o representativos. Esta situación se observa claramente en el arte rústico, donde el hombre recorre el camino desde el arte mágico -de índole natural (arte rupestre) - al arte formalista, geométrico y hierático. Es decir, el hombre en el paso del paleolítico al neolítico, transita de un mundo material netamente imitativo a un mundo abstracto y formal, donde pudo haberse formado implícitamente el pacto social.
Surge entonces el contrato social como salvaguarda del hombre hacia el hombre. Ya se decía por algunos intelectuales "hominis lupus est", o "el hombre es el lobo del hombre" (donde también reconocemos es un acto de fé creer que el hombre es intrínsicamente perverso, o bien si se prefiere despojar tal aseveración de su peso moral siguiendo algunas interpretaciones de las teorías evolutivas de Darwin, en las relaciones del hombre también deberá triunfar el más fuerte en función de una satisfactoria evolución humana).
Pues bien, si el hombre fuera intrínsicamente perverso o fuere parte de su natural evolución pasar a llevar las expectativas vitales de sus semejantes, la concesión de libertad hacia el ente abstracto e independiente (Estado, si se quiere) tiene lógicamente como primer fin, el deber de protección. Tal como dijera Hobbes (que en este caso seguiremos) "los hombres obedecen si se sienten protegidos".
El estado de excepción al cual han sido sometidas tres regiones de nuestro país, a raíz de los movimientos telúricos del 27/2 deben ser analizados a la luz de los deberes del Estado para con sus mandantes. Debido a esto, resulta inaceptable la confusión, entre causas y efectos, en relación al desorden que se ha observado en los lugares más afectados por la naturaleza. Se ha justificado el decreto de estado de catástrofe, en el hecho de que los ciudadanos están en situación de desorden, haciendo vista gorda de manera intencional al hecho de que la causa eficiente de tal desorden no es el acontecer natural de la Tierra, sino que el incumplimiento de la obligación de protección para con los ciudadanos –protege, para que te obedezcan-. Así, nuestros hombres y mujeres del Sur, han quedado desprotegidos a merced de una ola de gran metraje y más alta velocidad producto de la inoperancia del aparato estatal (SHOA, ONEMI); han sufrido de incomunicación, de desabastecimiento y de falta de atención. De manera que los desprotegidos, más bien ahora son desordenados, cuando desde la lógica de un Estado social y democrático debiese ponerse hincapié en primer término en la situación de desamparo en que quedaron miles de chilenos. Es curioso que el estado de excepción haya sido presionado por la derecha, principalmente cuando se vio amenazada y vulnerada la propiedad privada, y no antes cuando se supo del desastre en cifras de víctimas fatales y desaparecidos. De otro lado, y tal vez de forma más grave y aguda, el señor Hintzpeter ha planteado que la gran catástrofe que ha sufrido el país ha sido económica, poniendo la propiedad por encima de la vida, una vez más.
Sí podemos cuestionar la calidad de nuestro Estado, es un ejercicio que le hace bien a la ciudadanía, pues el Estado está a merced de élla.
Recordar que la derecha pide menos Estado no es algo nimio, ya que se ha evidenciado que la empresa privada no es capaz de responder eficientemente en situaciones excepcionales (aunque a estas alturas no puede ser excepcional la existencia de vida sísmica en nuestro país), pero también el Estado ha reaccionado ambiguamente y de manera ineficaz.
Disfrazar al estado con piel de oveja cuando es el Estado el lobo del hombre, es una técnica de larga data, que permite a la lógica del poder dominante recurrir al concepto de desorden ocultando debajo de la alfombra el principio de protección; así se justifican estados de excepción, que más que situaciones excepcionales- valga la redundancia-, a veces se convierten en la regla, situación inaceptable sobre todo cuando tienen por fin mediato motivaciones fundacionales (tal cual sucedió con el régimen portaliano y la dictadura iniciada el 73). Es decir, estado de excepción para crear nueva institucionalidad.
Replantear el contenido de un Estado social y democrático es primordial, sobre todo cuando somos uno de los pocos países sin una Constitución legítima; por ello, es inaceptable seguir confundiendo causas y efectos, aún con la excusa de que estamos en situación de catástrofe y es más urgente levantar al país.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)